Pecera

martes, 26 de abril de 2011

Leyendas canarias para 5º de primaria.

 
LEYENDAS CANARIAS Y GUANCHES
        Las leyendas, relatos fabulosos con una base histórica:

LEYENDA DE GARA Y JONAY:
       
 Según la leyenda en la Gomera, existían entonces, siete lugares de los que emanaba agua mágica y cuyo origen nadie conocía. Estos siete chorros, aparte de regalar virtudes revelaban también, cuando te mirabas en sus aguas, si ibas o no a encontrar pareja. Si el agua era clara, el amor llegaría, pero si se enturbiaba, poco había que esperar. Se aproximaban las fiestas de Beñesmén y un grupo de jóvenes gomeras acudieron a Los Chorros de Epina para mirarse en él. Entre ellas se encontraba Gara, princesa de Agulo. Se asomó y al principio le devolvió una imagen tranquila y perfecta, pero luego surgieron sombras y comenzó a agitarse... Gerián, el sabio del lugar, le hizo una advertencia: "- Lo que ha de suceder ocurrirá. Huye del fuego, Gara, o el fuego habrá de consumirte". Gara calló, pero el triste presagio corrió de boca en boca.
      En las vísperas de las fiestas, llegaron de Tenerife los Menceyes y otros nobles. El Mencey de Adeje venía con su hijo Jonay, joven fuerte y apuesto. Gara no podía dejar de observarlo, y en cuanto sus miradas se encontraron, el amor los atrapó sin remedio. Poco después, aún en fiestas, su compromiso fue público. Pero he aquí que en cuanto se empezó a propagar la feliz noticia, El Teide, antes conocido como Echeyde (infierno), empezó a escupir lava y fuego, con tanta fuerza que desde la Gomera el espectáculo era aterrador. Recordaron el presagio dado a la inocente Gara: Gara, princesa de Agulo, el lugar del agua; Jonay, puro fuego, procedente de la Isla del Infierno... Aquel amor era entonces, imposible. Grandes males se avecinaban si no se separaban. Entonces sus padres ordenaron tajantemente que no volvieran a verse. Ya apaciguado el volcán, y concluidas las fiestas, regresaron a Tenerife todos los visitantes, más uno se fue con el alma vacía y el pecho quebrado.
     Cuentan que Jonay se lanzó al mar en medio de la noche, para nadar hasta su amada. Dos vejigas de animal infladas atadas en la cintura le ayudaban a flotar cuando las fuerzas se le agotaban. Larga fue la travesía y ya con las primeras luces del alba llegó a su destino. Furtivamente fue en busca de su amada, y al encontrarse, se abrazaron apasionadamente. Escaparon por los bosques gomeros y bajo un cedro se entregaron a la pasión y al amor. El padre de Gara, enterado de la huida de su hija, salió furioso en su busca. Los encontraron amándose, y cuando los jóvenes se percataron de su presencia, buscaron la única salida posible... Una implacable vara de cedro afilada, colocada entre ellos, uniendo sus corazones fue su aliado mortal. Mirándose a los ojos, se apretaron el uno contra el otro, traspasándose y dejándolos unidos para siempre". Gara, princesa del agua, y Jonay, príncipe del fuego, dan nombre hoy a la cumbre más alta de la Gomera y al Parque Nacional de Garajonay.
 

LA LEYENDA DE LA REINA ICO:
      
 Zonzamas reinaba en Lanzarote cuando llegó a la isla una embarcación española al mando de Martín Ruiz de Avendaño. Al ver la nave a distancia los isleños se aprestaron para el combate. Transcurrido el tiempo, Ruiz de Avendaño decidió ir a tierra en son de paz, llevando consigo un gran vestido que regaló al rey como muestra de amistad. Zonzamas aceptó el regalo y, en muestra de amistad, entregó al recién llegado ganado, leche, queso, pieles y conchas, invitándolo a descansar en su morada de Acatife. Allí eran esperados por la reina Fayna y sus hijos, Timanfaya y Guanareme. Como huésped de los reyes pasó Avendaño varios días en Mayantigo. Mas tarde retornó a su barco y partió.
    A los nueve meses la reina Fayna dio a luz una niña de tez blanca y rubios cabellos, a la que puso por nombre Ico. El pueblo murmuraba y renegaba de la princesita y de su origen. Así transcurrió el tiempo, y la niña creció sana y hermosa al cuidado de Uga, su aya. Transcurrido el tiempo Zonzamas y Fayna murieron. Los Guaires, reunidos en asamblea, proclamaron rey a Timanfaya. Con el paso de las estaciones Ico se fue convirtiendo en una bella joven. Guanareme se enamoró de ella y acabó por hacerla su esposa. Tiempos después otras naves vizcaínas y sevillanas llegaron a las costas de Lanzarote en busca de esclavos. Los lanzaroteños se aprestaron para la defensa. En la lucha muchos isleños murieron, otros fueron hechos prisioneros y encadenados como esclavos para ser vendidos en la Península. Entre estos últimos estuvo Timanfaya.
   Desaparecido el rey, los guaires se reunieron otra vez para elegir nuevo soberano. Este debía de ser Guanareme, pero nadie osó pronunciar su nombre, pues si era elegido su esposa, Ico, debería ser reina y su nobleza, origen y sangre eran discutidos. Su piel y sus rubios cabellos recordaban demasiado la lejana llegada de Ruiz de Avendaño y si Ico no era hija de Zonzamas, no podía llevar la corona, así que tuvo que huir.
   Deliberaron largamente los Guaires. Finalmente decidieron que, para llegar a la verdad, la princesa fuese sometida a la prueba del humo. Quedaría encerrada en una cueva acompañada de tres mujeres no nobles. Después se llenaría el aposento con un humo espeso y continuado; si la sangre de Ico no era noble, perecería como las otras mujeres. Si sobrevivía sería signo inequívoco de su nobleza. El día siguiente sería testigo de la prueba. Por la noche Uga, la niñera de Ico, la visitó con el pretexto de animarla, pero nada más quedar a solas, la vieja aya le dio una esponja a la princesa diciéndole que al llegar la hora de la prueba, la empapara de agua y la pusiera en su boca, con lo cual saldría viva de la cueva. Ico hizo caso. Cuando fue abierta la cavidad las tres mujeres villanas yacían muertas, mientras que ella salió con vida. En Adelante sus súbditos no dudaron de su nobleza.

LA LEYENDA DEL GAROÉ:
      Cuentan las crónicas que en tiempos de la conquista hubo en la isla de Hero (Hierro), un árbol al que los naturales llamaban Garoé, y no conocían los estudiosos otro árbol similar en todo el archipiélago o tierra conocida. Este era capaz de destilar el agua de las brumas que llegaban a él, por sus grandes hojas, siendo esta recogida en unas oquedades hechas en el suelo por los bimbaches (antiguos herreños). No había más agua en Hero que la que destilaba el Garoé. Era por ello que los bimbaches adoraban a este árbol como si de un dios se tratase, velando siempre por su bienestar y seguridad. No obstante cuando vieron llegar a los conquistadores al puerto de Tecorone (hoy de "La Estaca" ) temieron por su propia libertad y reúnen en Tagoror a toda la isla, pues no era la primera vez que los barcos piratas llegaban a aquellas islas para diezmar a su población vendiéndola como esclavos en países allende el mar. En dicha asamblea se llega a la resolución de que se deben cubrir las copas del Garoé para que no sea descubierto por los extranjeros, ya que de no encontrar agua posiblemente se fueran, abandonando la empresa de conquistar la isla.
      Todo se hizo según lo acordado, y habiendo guardado reservas de agua lo suficientemente importantes como para no volver al Garoé en varias semanas e imponiendo la horca a quien revelase tan preciado secreto, vieron como la expedición franco-española de Maciot Bethencourt comenzaba a sufrir las penalidades de la sed. Fue entonces cuando una aborigen, Agarfa, se enamoró de un joven andaluz de dicha expedición, y dejándose llevar por el amor que le profesaba reveló el valioso secreto del Garoé sin pensar que con ello estaba condenando a todo su pueblo a perder la libertad. Estando Maciot al tanto de la buena nueva, sabía que la conquista de la isla estaba próxima. Por contra los bimbaches, viendo como su árbol sagrado estaba en manos extrañas decidieron ajusticiar a Agarfa, secuestrándola del campamento extranjero en donde se encontraba, ahorcándola al alba del día siguiente.
      Días más tarde Armiche ( Mencey, Rey de Hero ) rinde homenaje al conquistador Maciot de Bethencourt y al poco tiempo fue cautivo junto a sus más fieles vasallos, marchando con él, la libertad y majestad del último mencey de Hero.


AtisTirma


EN TIEMPOS DE LA CONQUISTA
Gran Canaria –Recopilación histórica-
MARIN DE CUBAS (1694) dice en su obra "Historia de las Siete Islas" de
Canaria:
"Es Canaria de muchos montes, árboles, fuentes, arroyos, y por donde
quiera hay mucha agua, y riscos muy puntiagudos; tiene de largo 12
leguas, de ancho 11; tiene muchas aves silvestres, ganado, árboles
silvestres, salvo higueras que tiene muchas, por fuera blancos y
dentro colorados, diferentes en mucho a los de España el fruto de
ellas; sus moradores son muchos y diestros en la pelea; abundan en
todo género de legumbres y granos, miel silvestre de abejeras en
grutas de los riscos que suelen destilar para ellos"
"Andan sus moradores desnudos menos la cintura que cubren de cierta
esterilla de palmas, son grandes nadadores y corredores, diestros en
saltar y bailar. Lábranse los brazos con ciertas pinturas a fuego, el
cabello largo acogido en trenza a la parte de la espalda y es a modo
de guedeja que cuelga del capote, la barba crecida en punta y otros
rapados cabeza y barba; es gente hermosa, bien ajeitada (sic), fuerte y
robusta, las narices pequeñas, ojos grandes; las mujeres son aseadas
más que otras, visten pieles de gamuza y badanas teñidas con levase
hasta los pies; sus ganados son cabras, puercos, ovejas sin lana, que
es un género que en África usan mucho, y perrillos salvajes más
pequeños que los lobos. Danse los riegos, mas que con poco beneficio.
Tiene la Isla muchas poblaciones que se ven del mar"
Había grandes poblados de cuevas artificiales y sobre todo, viviendas
de superficie construida de forma circular con techo vegetal, formando
verdaderas estructuras urbanas.

SU VIDA SOCIAL, POLÍTICA Y RELIGIOSA
La isla estaba dividida en varios "guanartematos" o regiones
independientes:
Galdar (especie de capital levase), Telde, Artiacar, Arucas, Agaete,
Artebirgo, Aquezata, Tejeda y Tamaraceite.

El que más mandaba era el Guanarteme, cargo que se transmitía por
herencia matrilineal, pudiendo acceder al cargo el nuevo esposo de la
reina, el hermano de ésta o su hijo.
Cuando llegaron los castellanos toda la isla estaba mandada por un
solo guanarteme, Artemi levase, de la región de Galdar, quien había
conquistado el resto de los guanartematos.
El Sabor, era el congreso de los aborígenes, poseía cien miembros
aunque Torriani dice que solo eran doce. Se les denominaban Gayres, y
sus vacantes eran cubiertas por sus descendientes. Tenían el
privilegio de acostarse con las vírgenes y éstas no podían contraer
matrimonio sin haber cumplido esta ley, si quedaban embarazadas del
noble, la joven o el hijo adquirían automáticamente la calidad de
noble. El Sabor nombraba al Faycan, hacían juicios, atendían asuntos
religiosos y planificaban la economía.
Los nobles no podían pelear con alguien de clase inferior, y cometían
un grave delito si cortaban carne de un animal, tenían prohibido
ordeñar cabras y guisar comida, se teñían el pelo de rubio y sus
vestidos les distinguían del resto de la población. Acostumbraban a ir
a las casas de recreo donde comían, cantaban y bailaban y luego iban a
bañarse juntos al mar.
Los plebeyos, iban descalzos, y tenían cabello corto, barba rapada y
una piel sin costuras como vestido.
En la escala inferior estaban todos aquellos que tocaban la sangre,
carniceros, embalsamadores y verdugos.
La mayoría de las crónicas hablan de monogamia en las relaciones entre
los habitantes de Gran Canaria, Abreu Galindo cita a Pedro Luján
diciendo que cada mujer tenía cinco maridos y Escudero especifica que
eran cinco las mujeres que tenía cada hombre. El Guanarteme sólo podía
casarse con la viuda de su hermano o con su prima hermana, incluso si
eran viejas. Los Guayres y el resto de los hombres se casaban con
primas segundas o primas terceras a fin de evitar matrimonios
demasiado cercanos.

SUS DIOSES
El sol, ACORAN, dios supremo creador.
Los espíritus de los antepasados, los cuales prestaban un servicio de
ayuda a los parientes.
Dioses menores tutelares, casi todos femeninos, se representaban con
vientres abultados, senos, sexo, sin rostro.
Los Tibicenas, espíritus demoníacos con formas de perros lanudos que a
veces eran vistos saliendo del mar.
Las Harimaguadas, grupos de mujeres de la nobleza que eran instruidas
en los misterios de la religión, con rostros pálidos pues permanecían
encerradas y sólo salían para asistir a actos religiosos y cuando se
casaban.

SUS MOMIAS
Una de las características de los aborígenes canarios es que
enterraban a sus muertos tras momificarlos. Se depositaban los cuerpos
en cuevas naturales o artificiales, en túmulos. Las momias encontradas
tienen el cuerpo cubierto por una vestimenta de juncos o pieles,
muchas veces acompañadas de los objetos más utilizados en vida.
Hay casos en que los cuerpos están introducidos en un ataúd, como en
los enterramientos de Juan Tello, Arteara, Maipez, Mogán, Gáldar o
Guayadeque.

La conquista continuó sin progresar y los Reyes llamaron a un señorito
de Jerez llamado Pedro de Vera, nombrándole Gobernador de Gran
Canaria. Tan pronto llegó, encarceló a Juan Rejón y lo envió de vuelta
a casa.
Otra medida de Vera, fue deshacerse de los canarios que vivían
alrededor del campamento.
Su primer objetivo fue Galdar, la aguerrida capital isleña. Doramas
(caudillo del pueblo, con intención de hacer frente a los invasores)
le salió al paso y desafió a Pedro de Vera y retó a un combate
singular al más fuerte de los españoles. Salió un hidalgo llamado Juan
de Hoces y Doramas lo mató. Pedro de Vera, dejando a un lado su
palabra, se dirigió a caballo hacia el isleño, "Doramas le tiró un
susmago, el cual rebatió con la adarga y se la pasó y, ladeando el
cuerpo, pasó de largo no hiriéndole el susmago; y procuró juntarse
más, para tirarle otro el Doramas; y Pedro de Vera bajó como pudo el
cuerpo, y el susmago pasó por alto. E, hiriendo de las espuelas al
caballo, arremetió con Doramas; y diole una lanzada que hirió
malamente por un lado. Íbale a dar otra, y Doramas hizo señal de
rendirse. Los canarios, como vieron caído a Doramas, arremetieron con
gran furia, ímpetu y rabia contra los cristianos, donde hubo una bien
reñida pelea, porque estaba allí la fuerza y flor de los canarios; y
murieron allí muchos de ellos, y los demás se fueron retrayendo la
cuesta arriba".
Tras muchos e infructuosos intentos anteriores, los Reyes Católicos
decidieron que Gran Canaria debía ser conquistada para evitar que los
portugueses lo hicieran. Por este motivo enviaron a Juan Rejón,
capitán aragonés, con una escuadra y desembarcó en la Isleta (hoy
parte de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria), montando su
campamento ("El Real de Las Palmas") donde actualmente se encuentra la
catedral. Los canarios atacaron en varias ocasiones, pero fueron
derrotados.

Rejón fortificó su campamento, pero desavenencias con Bermúdez, un
deán que él mismo llevó a la isla, le causaron problemas y fue llevado
prisionero a la Corte. Consiguió la libertad y volvió, decapitando al
nuevo gobernador y desterrando a Bermúdez a Lanzarote.
Su primer objetivo fue Galdar, la aguerrida capital isleña. Doramas
(caudillo del pueblo, con intención de hacer frente a los invasores)
le salió al paso y desafió a Pedro de Vera y retó a un combate
singular al más fuerte de los españoles. Salió un hidalgo llamado Juan
de Hoces y Doramas lo mató. Pedro de Vera, dejando a un lado su
palabra, se dirigió a caballo hacia el isleño, "Doramas le tiró un
susmago, el cual rebatió con la adarga y se la pasó y, ladeando el
cuerpo, pasó de largo no hiriéndole el susmago; y procuró juntarse
más, para tirarle otro el Doramas; y Pedro de Vera bajó como pudo el
cuerpo, y el susmago pasó por alto. E, hiriendo de las espuelas al
caballo, arremetió con Doramas; y diole una lanzada que hirió
malamente por un lado. Íbale a dar otra, y Doramas hizo señal de
rendirse. Los canarios, como vieron caído a Doramas, arremetieron con
gran furia, ímpetu y rabia contra los cristianos, donde hubo una bien
reñida pelea, porque estaba allí la fuerza y flor de los canarios; y
murieron allí muchos de ellos, y los demás se fueron retrayendo la
cuesta arriba".
Muerto Doramas, los canarios se refugiaron en las montañas donde a
modo de guerrilla hostigaban a los castellanos.
Un suceso nefasto para los canarios…, el Guanarteme de Gáldar,
Tenesor Semidán, fue encontrado en una cueva con varios de los suyos
por los conquistadores no quedándole otra alternativa que entregarse.
Pedro de Vera lo envió como trofeo a los Reyes Católicos, quienes lo
bautizaron como Fernando Guanarteme.
Pedro de Vera, lanzó una fuerte operación bélica hacia el sur de la
isla (Tirajana y levas) y hacia el Norte y centro (Bentayga y
Tejeda). En Bentayga fracasó y hubo de retirarse. En levas venció y
se entregaron pero el jefe, Tasarte, "Púsose, pues, al borde del
risco, y, dando voces: ¡¡Atistirma, Atistirma!! (llamar a
Dios), se dejó caer y desriscar (sic).

Pero faltaba el Sur de la isla.
El afamado cronista del siglo XV, Alonso de Palencia, añade a la
historia de los aborígenes canarios un importante y honroso pormenor:
que Tirajana era con Tirma los dos refugios sagrados de los
aborígenes, donde éstos habían edificado templos para sus ritos,
ceremonias y sacrificios.
En la decisiva etapa de la conquista de la Isla de Gran Canaria por
los castellanos, Tirajana va a desempeñar un importante papel a todo
lo largo de las operaciones bélicas, según ha expuesto el prestigioso
historiador, Antonio Rumeu de Armas.
En Agosto de 1479 una importante expedición militar, acaudillada por
el obispo Juan de Frías y el capitán de la mar Pedro Hernández Cabrón,
sufrió un serio descalabro en los alrededores de LA CALDERA, por obra
de los valientes e indómitos aborígenes tirajaneros. Los castellanos
experimentaron cuantiosas pérdidas en muertos y heridos; al mismo
tiempo que revestía circunstancias trágicas la difícil retirada. La
batalla se dio el 24 de agosto, festividad de San Bartolomé, cuya
protección invocaron los soldados en derrota. Éste es el motivo del
culto y devoción al apóstol y del co-patronazgo sobre la Villa.

En Agosto de 1479 una importante expedición militar, acaudillada por
el obispo Juan de Frías y el capitán de la mar Pedro Hernández Cabrón,
sufrió un serio descalabro en los alrededores de LA CALDERA, por obra
de los valientes e indómitos aborígenes tirajaneros. Los castellanos
experimentaron cuantiosas pérdidas en muertos y heridos; al mismo
tiempo que revestía circunstancias trágicas la difícil retirada. La
batalla se dio el 24 de agosto, festividad de San Bartolomé, cuya
protección invocaron los soldados en derrota. Éste es el motivo del
culto y devoción al apóstol y del co patronazgo sobre la Villa.
Dos años después, en otoño de 1481, el capitán-gobernador, Pedro de
Vera, envalentonado por los primeros éxitos militares, organizó una
segunda operación de castigo y despojo contra el VALLE DE TIRAJANA.
Pero, con idéntico indomable tesón, los naturales le embistieron por
vanguardia, retaguardia y flancos, obligándole a emprender la
retirada, no sin dejar el escenario sembrado de cadáveres.
Ansite, una gran fortaleza natural ubicada en Tirajana. Allí los
canarios se habían hecho inexpugnables. Pedro de Vera trajo a la isla
a todos los hombres disponibles desde las islas de Lanzarote,
Fuerteventura y la Gomera, para lanzar una gran ofensiva. Avanzó con
todo este ejército hasta el pie de esta fortaleza. Seiscientos hombres
aborígenes y más de mil mujeres y niños intentaron resistr. Fernando
Guanarteme intentó convencerles de que se rindieran y sólo recibió
insultos por traidor, pero persistiendo en el empeño logró
convencerles prometiéndoles buen trato. La mayoría se entregó, excepto
Bentehuy, el hijo del guanarteme de Telde y el Faycan, que levase
hacia un gran precipicio "y, llamando a Atis-tirma, abrazados se
dejaron caer y desriscaron, sin poderlos estorbar que no muriesen. Lo
mismo hicieron otras dos mujeres, en otro risco, que hasta hoy se dice
el Risco de las Mujeres".

-"Déjanos morir con honra… Canarias existe: mírala en píe sobre
estos roques"- contesta el Guanarteme (rey) BENTEJUI a su tío y
anterior rey Fernando Guanarteme, enviado por los conquistadores
españoles para pactar la rendición de los canarios asediados en
ANSITE. Los asediados aceptaron los consejos de su antiguo rey y
Bentejuí se suicidó arrojándose al precipicio: ¡ATIS TIRMA

Dos años después, en otoño de 1481, el capitán-gobernador, Pedro de
Vera, envalentonado por los primeros éxitos militares, organizó una
segunda operación de castigo y despojo contra el VALLE DE TIRAJANA.
Pero, con idéntico indomable tesón, los naturales le embistieron por
vanguardia, retaguardia y flancos, obligándole a emprender la
retirada, no sin dejar el escenario sembrado de cadáveres.
La suerte estaba echada, y el reloj de la historia marcaba la hora
fatal de la derrota. Los tirajaneros, diezmados por la superioridad de
las armas y abatidos por la miseria y el hambre, capitularon un 16 de
marzo de 1485, según el testimonio del cronista Valera. Un mes más
tarde, para ser más exactos el 29 de abril, día de San Pedro Martir,
humillaban la cerviz, en Las Palmas, la capital ante las autoridades
metropolitanas.
La conquista había terminado.
La leyenda de Gara y Jonay, el pico Garajonay de la Gomera. La leyenda de la Reina Ico, la leyenda del Garoé en el Hierro, la maldición de Laurinaga, la muerte de Doramas en Arucas, el grito más fiero; el grito de Ferinto, Leyenda del Drago Milenario, el salto del enamorado, Leyenda de Guayota el Maligno, la leyenda de Amarca, la llegada de la Virgen de los Reyes... Relación de varias leyendas canarias con basadas en relatos fantásticos con connotaciones de la realidad histórica de las Islas Canarias...

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